13 de marzo de 2017

Fukushima, el peor desastre nuclear en la historia

El desastre nuclear ha contaminado el océano más grande del mundo en sólo cinco años y aún continúan escapándose 300 toneladas de desechos radiactivos cada día.



¿Cuál fue el desastre nuclear más peligroso de la historia mundial? La mayoría de la gente diría el desastre nuclear de Chernobyl en Ucrania, pero estarían equivocados. En 2011, un terremoto, que se cree fue una réplica del terremoto de 2010 en Chile, creó un tsunami que causó un colapso en la planta nuclear de TEPCO en Fukushima, Japón. 

Tres reactores nucleares se derritieron y lo que sucedió después fue la mayor liberación de radiación al agua en la historia del mundo. Durante los próximos tres meses, los productos químicos radiactivos, algunos en cantidades aún mayores que Chernobyl, se filtraron en el Océano Pacífico.

Sin embargo, los números pueden en realidad ser mucho más altos, tal como las estimaciones oficiales japonesas han sido probadas por varios científicos como deficientes en los últimos años.

Como si esto no fuera lo suficientemente malo, Fukushima sigue produciendo 300 toneladas de desechos radiactivos en el Océano Pacífico cada día. Continuará haciéndolo indefinidamente ya que la fuente de la fuga no puede ser sellada ya que es inaccesible tanto para humanos como para robots debido a temperaturas extremadamente altas.

No debería sorprender, pues, que Fukushima haya contaminado todo el Océano Pacífico en sólo cinco años. Este podría ser el peor desastre ambiental en la historia de la humanidad y casi es mencionado por los políticos, los científicos convencionales, o por las noticias. 
Es interesante notar que TEPCO es una filial de General Electric (también conocida como GE), una de las compañías más grandes del mundo, que tiene un control considerable sobre numerosas corporaciones de noticias y políticos.

¿Podría explicar esto la falta de cobertura de noticias que Fukushima ha recibido en los últimos cinco años? 

También hay evidencia de que GE sabía sobre el mal estado de los reactores de Fukushima durante décadas y no hizo nada. Esto llevó a 1.400 ciudadanos japoneses a demandar a GE por su papel en el desastre nuclear de Fukushima. 
Incluso si no podemos ver la radiación en sí, algunas partes de la costa occidental de América del Norte han estado sintiendo los efectos durante años. No mucho después de Fukushima, los peces de Canadá comenzaron a sangrar por sus branquias, bocas y globos oculares. 

Esta «enfermedad» ha sido ignorada por el gobierno y ha diezmado poblaciones de peces nativos, incluyendo el arenque del Pacífico Norte. En otros lugares del oeste de Canadá, científicos independientes han detectado un aumento del 300% en el nivel de radiación. 

Según ellos, la cantidad de radiación en el Océano Pacífico está aumentando cada año. ¿Por qué esto es ignorado por los principales medios de comunicación?
Podría tener algo que ver con el hecho de que los gobiernos de Estados Unidos y Canadá han prohibido a sus ciudadanos hablar de Fukushima para que «la gente no se asuste». 

Más al sur en Oregon, Estados Unidos, estrellas de mar comenzaron a perder piernas y luego se desintegraron completamente cuando la radiación de Fukushima llegó allí en 2013. Ahora, están muriendo en cantidades extremadamente altas, poniendo en peligro todo el ecosistema oceánico en esa área. 

Sin embargo, funcionarios del gobierno dicen que Fukushima no es culpable a pesar de que la radiación en el atún de Oregon se triplicó después de Fukushima.
En 2014, la radiación en las playas de California aumentó en un 500 por ciento. En respuesta, los funcionarios del gobierno dijeron que la radiación provenía de una misteriosa fuente «desconocida» y no era motivo de preocupación. Sin embargo, Fukushima está teniendo un impacto más grande que solo la costa del oeste de Norteamérica. 

Los científicos ahora están diciendo que el Océano Pacífico ya es altamente radioactivo y en la actualidad es por lo menos 5-10 veces más radioactivo que cuando el gobierno de los EE.UU dejó caer numerosas bombas nucleares en el Pacífico durante y después de la Segunda Guerra Mundial. 


http://codigooculto.com/

6 de marzo de 2017

¡Pasión por la formación (4)!




Con las tres pedagogías de este artículo concluimos esta serie sobre formación.
¿Se te ocurre alguna otra pedagogía útil para capacitar? ¡No dudes en escribirnos y nos cuentas!
  • Pedagogía tradicional
Otro de los retos de la capacitación es recuperar los antiguos métodos de enseñanza, donde la formadora, pertrechada con un simple marcador y una pizarra, y apoyada en su palabra, era capaz de dar un taller completo de una semana.
Las Nuevas Tecnologías son estupendas herramientas si hacemos un buen uso de ellas. El problema ha sido su divinización. Fetiches como el Power Point se han adueñado de charlas, talleres y seminarios.
Y más que Power Point son, como escuché alguna vez, Karaoke Point, es decir, nos proyectan en la pantalla inmensos textos que vamos todos leyendo y recitando a un mismo compás. Para eso, que nos manden la presentación por correo electrónico y la vemos en casa comiendo maní.
Todas estas herramientas tecnológicas son instrumentos en los que nos apoyamos para una explicación en un momento dado del taller o de la charla. Pero no pueden desplazar a quien conduce el taller. ¿Qué vamos a extraer de los participantes si los sentamos durante horas a ver diapositivas? Algún ronquido seguramente.
  • Pedagogía de la humildad
Que también podría llamarse la del formador formado.
La primera lección que debemos aprender al enfrentarnos al apasionante mundo de la formación es que siempre aprendemos más de lo que enseñamos. De un taller, siempre nos llevamos más de lo que dejamos.
Esta pedagogía de la humildad la resumió perfectamente Sócrates cuando dijo aquello de “sólo sé que no sé nada”.
Somos fruto de una construcción colectiva. Quienes pasaron por nosotros como maestros, formadores o formados, dejaron su huella. Lo que aprendimos lo sabemos por otros y otras que antes que nosotros investigaron, publicaron, nos enseñaron, nos dieron forma. Nadie se educa sólo, todos nos educamos entre sí.
Pero no sólo nos formamos desde y con los demás. Leer, ver, vivir y conocer son inmensos pozos de sabiduría. Por eso, es importante estar al día, asistir a capacitaciones, consultar libros, navegar en Internet…
Estas prácticas nos ayudarán a innovar en nuestras metodologías y podremos imaginar nuevas formas de enseñar lo que enseñamos.
  • Pedagogía con estilo propio
Ninguna de las pedagogías repasadas es una receta milagrosa. Muchas de ellas han sido ensayadas con buenos y otras con malos resultados y se han ido modificando sobre la marcha. Pero una recomendación antes de concluir: que nadie aplique lo leído al pie de la letra.
Crea tu propia pedagogía, colócale tu marca, tu estilo, tu nombre y apellido. Toma lo que te interesa, reinventa, reforma y adapta de acuerdo al grupo, al contexto, al momento. Y a tu propia personalidad. Forma tu propia formación para formar.

Ánimo, y… ¡pasión en la formación!

RCPC.